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Mimbres de Amor, de Antonio del Barrio Estremera. La cesta que se teje de a poco

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Hace unos días encontré en la mesita de noche un libro que alguien había dejado allí sin decirme nada, como se dejan las cosas que no se sabe si uno va a querer o no. Se llamaba Mimbres de Amor y lo había escrito un señor de Segovia que se vino a Madrid con diecisiete años y guardó sus poemas en un cajón durante cuarenta años. A mí eso ya me bastaba para sentarme a leerlo.

Hay algo que me resulta entrañable en las personas que esperan. No los que esperan por timidez, sino los que esperan porque la vida se lo pone difícil y van guardando cosas —versos, dibujos, cartas que nunca envían— hasta que llega un momento en que el tiempo libre les devuelve lo que siempre quisieron hacer. Antonio del Barrio Estremera es uno de esos. Llegó a Madrid jovencísimo, se buscó la vida entre el trabajo y los estudios, y durante cuarenta años fue llenando ese cajón imaginario del que habla en el prólogo con una ternura que a una le hace un poco de nudo en la garganta.

Del Barrio descompone el amor en veintiséis partes —a cada una le llama mimbre—: el respeto, el cariño, la ternura, la fidelidad, la complicidad, la reconciliación. Una se pregunta al principio si tanta estructura no va a matar el misterio. Y luego se da cuenta de que no, de que Del Barrio sabe exactamente lo que está haciendo: que el amor no es un relámpago que cae del cielo sino algo que se construye, pieza a pieza, con paciencia y con las manos.

Eso me recordó a mi abuela, que hacía cestas de verdad. Tardaba horas y nunca le parecía mal tardar, porque decía que las cosas bien hechas no podían hacerse de prisa. Cuando leí este libro entendí que Del Barrio pensaba lo mismo del amor.

Me ha gustado especialmente que no esconda que escribe desde la experiencia, no desde la teoría. Y también me ha tocado su reivindicación callada de los mayores: hay más inteligencia emocional en este libro de un jubilado segoviano que en muchos ensayos que hablan del amor con palabras imposibles y gráficas de PowerPoint. Me quedé con un verso que habla del respeto y que dice, más o menos, que no se puede amar a alguien sin escucharle de verdad. Lo subrayé.

Merece la pena que se dejen encontrar por este libro. Probablemente Del Barrio Estremera tiene la respuesta que algunos andamos buscando. O al menos la pregunta correcta. Y a veces eso ya es mucho.

Ángela de Claudia Soneira