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«Cambio de Plano»: Cuando un Poeta Se Quita la Máscara

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«Cambio de Plano»: Cuando un Poeta Se Quita la Máscara

Juan Manuel Leiva Sepúlveda ha escrito un libro honesto. Y eso ya es noticia en estos tiempos de poses y postureo poético. «Cambio de Plano» es poesía sin adornos, sin esas florituras que usan los versificadores para disimular que no tienen nada que decir.

Este hombre nació en Barcelona hace 47 años, estudió Bellas Artes y Filosofía, y un día se hartó. Se hartó de la ciudad, del ruido, de hacer el gilipollas corriendo detrás del éxito como un galgo detrás de la liebre mecánica. Se mudó al campo con su hijo Aran y ahí comenzó el verdadero cambio de plano.

El Curriculum Vitae de la Vida Real

El libro arranca con un poema titulado «Curriculum Vitae» que es una hostia en toda la cara del sistema. «Nazco, / luego, aunque sea relativo, / parece ser que existo.» Así comienza este tipo. Sin floripondios. Cuenta su infancia rebelde, su adolescencia de puñetazos y drogas, la llegada del trabajo que te convierte en un zombi con corbata. «Pero un día entendí / que la dignidad no es remunerada.»

Y cuando te crees que va a seguir llorando, aparece su hijo Aran. Y ahí se le cambia la cara al libro y al poeta. «He aprendido a amar el insomnio, / a querer con pasión / la idea de no ser más que un ego disuelto.»

Los Peces de la Pecera

Hay un poema que se llama «Los peces de los días laborables» que es pura dinamita social. Habla de esos peces «que han nacido / obligados a ser, dentro de una pecera» y no conocen el río que desemboca en el mar. Leiva ve a la gente corriendo por la ciudad como peces enjaulados que no saben que existe la libertad. Es una metáfora sencilla pero que te deja pensando.

Padre e Hijo: El Diálogo Cósmico

Lo mejor del libro está en la sección «Dictados del amor y la nada», donde recoge las conversaciones con su hijo. El chaval, de nueve años, dice cosas como «El viento está en la nada» y «La nada sí se puede ver aunque parezca que no se puede ver». Y el padre las convierte en poemas. No es ñoñez, es pura sabiduría destilada. Cuando el niño le dice «Papá, te quiero mucho», el poeta le responde que sobran las palabras «te» y «mucho» y por supuesto su nombre, «porque desde ahora ya es tuyo el camino / y propia tu existencia.»

Mística sin Incienso

Leiva habla de «mística contemporánea» pero sin venderse humo. Su misticismo es terrenal: el jardín, la tierra, el silencio del campo. «Agradecer a la tierra» es un poema precioso donde dice que ya está «caminando hacia un mundo nuevo / que yace en mi interior.»

Verso Libre con Oficio

Técnicamente, el hombre sabe lo que hace. Usa verso libre pero medido, sin caer en la prosa cortada que tanto abunda. Sus poemas respiran, tienen ritmo. Y sobre todo, se entienden. No hay que ser doctor en Literatura Comparada para pillar lo que dice.

El Veredicto

«Cambio de plano» es un libro necesario. En una época donde todo el mundo grita, Leiva susurra. Donde otros complican, él simplifica. Donde muchos posan, él se desnuda. Es poesía para gente que ha vivido, que se ha caído y se ha levantado, que sabe que la felicidad no está en el escaparate sino en las pequeñas cosas.

Un libro que huele a tierra, a silencio y a verdad. En definitiva, a vida.