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CÉSAR TOMÉ Y LA DIALÉCTICA DEL DESEO MADURO: UN POETA QUE REGRESA DESDE EL SILENCIO

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CÉSAR TOMÉ Y LA DIALÉCTICA DEL DESEO MADURO: UN POETA QUE REGRESA DESDE EL SILENCIO

Hay algo profundamente digno en un poeta que elige el silencio durante dieciséis años, que se niega a publicar por obligación o por presencia en el mercado, y que solo regresa cuando tiene algo genuino que decir. César Tomé Martín, nacido en Lerma en 1956, pertenece a esa estirpe cada vez más escasa de poetas que entienden la creación como necesidad ética antes que como ejercicio de visibilidad. Moneda del sentir, editado por Ediciones Rilke en 2026, es el fruto de esa larga maduración, un poemario que nos obliga a repensar las relaciones entre deseo, autenticidad y temporalidad en la poesía española contemporánea. No estamos ante un libro más sobre el amor, sino ante una arquitectura conceptual que convierte la metáfora de la moneda en sistema de pensamiento poético donde cada decisión formal responde a una necesidad expresiva precisa.

La memoria personal me lleva inevitablemente a recordar otros libros que han trabajado con estructuras arquitectónicas similares, desde Espacio de Juan Ramón Jiménez hasta La realidad y el deseo de Cernuda, obras donde forma y contenido se funden hasta hacerse indistinguibles. Tomé se inscribe en esa tradición pero desde una sensibilidad contemporánea que asume la complejidad del deseo maduro sin idealizaciones ni cinismos. El libro se estructura literalmente como una moneda Anverso, donde se posiciona el poeta de manera combativa; Canto o parte olvidada, treinta y dos poemas numerados que constituyen el grosor real donde habita la sustancia; y Reverso, que cierra sin resolver porque la vida, como la moneda, siempre tiene dos caras que coexisten sin cancelarse mutuamente. Esta no es una metáfora ornamental es el libro mismo, es la experiencia de leerlo, es la invitación a recorrer físicamente una estructura que replica la complejidad del sentimiento humano.

Lo que me parece más notable del poemario es su negativa radical a la autocompasión, rasgo poco frecuente en la poesía amorosa contemporánea. Tomé escribe desde la vulnerabilidad pero no desde la víctima, desde la dificultad pero no desde la resignación. «No permito la venda que ejerce de mentora», dice en el Poema 32, y esa frase condensa toda una poética de la dignidad donde el sujeto se niega a ser engañado, a conformarse con simulaciones, a aceptar la rutina como destino inevitable. El libro entero es una insistencia en esa postura, una variación obsesiva sobre el mismo dilema cómo sostener la autenticidad del deseo cuando todo empuja hacia la negación, hacia las «efigies de niebla» y los «cuartos huraños» que menciona desde el principio. Y lo hace mediante un verso libre de base endecasilbica que permite que la diccin densa, llena de metforas compuestas y abstracciones, fluya sin artificio visible, como si pensamiento y expresin fueran la misma cosa.

La dimensión social e histrica del libro, aunque no explícita, está presente en cada verso. Tomé escribe desde la experiencia de una generación que conoció el amor sin mediación tecnológica, que vivió la materialidad del encuentro sin las pantallas que hoy intermedian nuestros deseos. Cuando menciona el metaverso y la Red, no lo hace como quien incorpora referencias actuales por obligación, sino como quien constata que el deseo sigue siendo lo mismo pese a todos los cambios tecnológicos. «Posicionarse siempre a favor de los cuerpos que, sin fruto prohibido, se contemplan» es una reivindicación del cuerpo físico que cobra dimensión casi política en tiempos de virtualización absoluta. El cuerpo como territorio de verdad, como lo único que no puede mentir, como resistencia frente a la simulación generalizada. «Jamás un recortable o un acertijo, el cuerpo», escribe en el Poema 3, y esa sentencia resume toda una ética.

El contexto biográfico del autor ilumina la lectura sin determinarla. Tomé fue miembro fundador de TELIRA, participó en jurados de premios literarios, conoce el funcionamiento interno del mundo poético español. Y sin embargo eligió el silencio durante dieciséis años. Esa decisión no es anecdótica es parte del sentido del libro. Como declara en la contraportada, «no acepta la creación poética sin la lectura ajena», lo cual significa que publicar es para él un acto de comunión, no de exhibición. El libro se escribe desde la urgencia de compartir, no desde la vanidad de mostrar. Y esa ética de la creación se traduce en cada verso, en la negativa a facilitar las cosas al lector, en la exigencia de concentración y relectura que el texto impone. No es poesía para consumo rápido es compañía reflexiva para quien entiende que el deseo es materia compleja que no se resuelve con frases bonitas ni con catarsis inmediatas.

Las metáforas sensoriales que atraviesan todo el poemario materializan emociones abstractas en experiencias físicas verificables. «Mis dedos como lápices de llama sin horario, mi mano como iris dormido entre las suyas» no describe el deseo lo encarna en tacto, temperatura, luz. Tomé privilegia los sentidos de verificación directa vista y tacto sobre los que pueden fingirse más fácilmente. La estrategia revela una poética de la verificación empírica donde solo lo que puede tocarse, verse, probarse existe realmente. El predominio del tacto no es casual es el sentido que exige proximidad física real, que no puede simularse a distancia. Y en un libro que reivindica la autenticidad frente a la simulación, esa elección formal es también elección ética y estética simultáneamente.

La tradición literaria con la que dialoga el libro es doble. Por un lado, la poesía de la experiencia de los años ochenta y noventa Luis García Montero, Carlos Marzal, de quienes recupera el tono reflexivo y la negativa al hermetismo. Pero Tomé transforma radicalmente la diccin donde aquellos poetas apostaban por la claridad inmediata, él construye una sintaxis compleja llena de inversiones y metforas que exigen concentración. Por otro lado, el impulso metafórico de la Generación del 27, especialmente Aleixandre a quien cita en el epígrafe, aunque domesticado aquí la metáfora no busca el extrañamiento sino la precisión emocional. Esta síntesis entre experiencia y vanguardia, entre claridad y complejidad, entre tradición y renovación, sitúa el libro en un espacio propio que no se parece exactamente a nada de lo que se está publicando ahora mismo en poesía española.

La insistencia temática del libro podría ser su mayor riesgo. Treinta y dos poemas numerados que vuelven obsesivamente sobre el mismo asunto. Pero Tomé resuelve el problema mediante la variación de ángulos y la densidad de diccin cada poema es suficientemente complejo como para exigir concentración, impidiendo que el lector perciba monotonía. Cada texto ataca el problema desde una perspectiva distinta, añade un matiz que los anteriores no tenían. Es como dar vueltas alrededor de una escultura hasta entender su volumen completo. Y funciona porque el poeta tiene oficio de sobra usa anforas que martillean como mantras, enumeraciones que saturan, sinestesias que replican la confusión perceptiva del deseo intenso. La forma nunca es gratuita siempre está al servicio del contenido, replicando formalmente lo que se dice temáticamente.

Me pregunto por el público al que se dirige este libro. No es poesía para todos los públicos, evidentemente. Exige lectores con conocimiento de la tradición poética española, con experiencia vital suficiente para reconocer lo que Tomé está diciendo, con disposición a trabajar con el texto en lugar de esperar que el texto haga todo el trabajo. Es poesía para adultos en el sentido más literal gente que ha vivido suficiente como para saber que el deseo es territorio difícil donde no hay respuestas fáciles. El libro no promete consuelo promete compañía en la dificultad. Y eso, en tiempos donde la poesía mayoritaria oscila entre el confesionalismo terapéutico de redes sociales y el experimentalismo académico hermético, tiene un valor que no debería subestimarse.

El final del libro es deliberadamente ambiguo. «Si salta el runrún del letal desamor, volvamos a la estrella de salida, mostrmonos como bosque que entona un derroche de embrujos», escribe Tomé en el Reverso. Esa imagen puede leerse como esperanza siempre se puede volver a empezar o como melancolía volver al principio es reconocer que no hemos avanzado. Y me parece perfecto que no lo aclare, porque la honestidad poética consiste precisamente en asumir esa ambigüedad sin intentar resolverla artificialmente. La vida es así, contradictoria, llena de preguntas sin respuesta única. Y la poesía que intenta domesticar esa contradicción miente. La poesía honesta la nombra, la explora, la convierte en materia poética sin pretender clausurarla.

La metáfora de la moneda funciona en tres niveles simultáneos lxico, conceptual y estructural, generando una coherencia formal donde cada decisión refuerza las demás. En el nivel lxico, el campo semántico del intercambio atraviesa todo el libro «forma de pago», «acopio», «circulación», «peso», «valor». En el nivel conceptual, traduce la complejidad del sentimiento en imagen material el sentimiento tiene dos caras visibles y un grosor olvidado donde habita la sustancia. En el nivel estructural, el libro obliga al lector a recorrer físicamente esta arquitectura. Esta sostenibilidad de la metáfora central es lo que distingue el libro de la mayoría de poemarios contemporáneos que son colecciones de textos unidos por vago aire de familia. Aquí cada poema responde al sistema, cada decisión tiene sentido dentro de la arquitectura global.

Lo que más valoro de Moneda del sentir es su coherencia entre concepto, forma y tono. Tomé no se limita a hablar sobre la autenticidad construye un libro auténtico, sin concesiones al mercado ni al gusto fácil. No es libro que busque seducir por la facilidad ni por el hermetismo, sino por la densidad reflexiva. Se diferencia de la saturación de poemarios amorosos contemporáneos por su ambición formal y su tono combativo. No es poesía para la mayoría pero construye un espacio propio poesía de madurez que no renuncia a la complejidad formal ni a la intensidad emocional. Y eso, en febrero de 2026, cuando el panorama poético español está saturado de extremos confesionalismo versus experimentalismo, representa una tercera vía que merece atención seria.

Tal vez la poesía que permanece no sea la que más suena sino la que mejor resiste el paso del tiempo. La que se escribe, como dice Tomé desde sus primeros libros, «con la pulcra exactitud de los puntos suspensivos». Este es un libro que no grita, que no busca trending topics, que no promete soluciones mágicas. Simplemente insiste en que la autenticidad es posible, aunque difícil, y en que frente a la simulación generalizada, la única opción decente es posicionarse del lado de los cuerpos que se contemplan sin vergüenza, del lado de la verdad aunque duela. Y esa insistencia, sostenida durante ochenta y seis páginas con oficio impecable y sin una sola concesión a la facilidad, convierte Moneda del sentir en uno de los poemarios más necesarios de este año.

Antonio Graña Ojeda