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Contexto: La desnudez como postura

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Contexto: La desnudez como postura

Ruth Vicente González entrega en «Contexto» un poemario que funciona como confesionario público. No hay aquí elaboración poética tradicional ni pretensiones estéticas: solo la urgencia de quien necesita hablar y encuentra en el verso libre una excusa para hacerlo sin filtros. Es literatura de supervivencia, no de contemplación.

La estructura del libro —seis secciones que van «Con Rutina» hasta «Con Conexión»— revela una ambición organizativa que contrasta con la inmediatez cruda de los textos. Vicente construye un viaje terapéutico que el lector debe recorrer como paciente involuntario. No se pregunta si queremos acompañarla; simplemente asume que sí, con esa confianza ciega de quien ha descubierto que su dolor puede transformarse en mercancía literaria.

El lenguaje es deliberadamente coloquial, salpicado de expresiones vulgares y referencias a la cultura digital contemporánea. «Al móvil pegados, esperando la alerta, que no llegó», escribe en «No puede parar», un poema que funciona como manifiesto climático encubierto. Aquí Vicente acierta: logra que el registro conversacional no suene impostado porque emerge de una necesidad real de comunicación, no de un calculado intento de modernidad.

Sin embargo, esta misma autenticidad se convierte a ratos en su trampa. Poemas como «HOT» —donde detalla encuentros sexuales con una franqueza que pretende ser liberadora— caen en el exhibicionismo gratuito. No basta con romper tabúes; hay que tener algo que decir cuando se rompen. Vicente confunde a menudo la transgresión con la revelación, el grito con el canto.

La voz poética evoluciona a lo largo del poemario desde la víctima hasta la superviviente empoderada, pero el recorrido resulta demasiado previsible. Es el arco narrativo del manual de autoayuda: reconocimiento del problema, búsqueda de soluciones, empoderamiento final. «La Diosa enfadada» cierra esta progresión con una declaración de independencia femenina que, pese a su fuerza innegable, suena a consigna aprendida.

Lo más interesante de «Contexto» no está en sus aciertos, sino en sus contradicciones. Vicente critica la cultura digital pero usa su lenguaje; rechaza los clichés del amor romántico pero recae en ellos; busca la autenticidad pero se construye un personaje. Es en estas fisuras donde el poemario cobra verdadero interés, cuando la poeta se traiciona a sí misma y muestra las costuras de su propia construcción identitaria.

El poema que cierra el libro, «Crystal», dedicado a su hija, resulta revelador: aquí Vicente abandona momentáneamente la pose de mujer empoderada para mostrar sus inseguridades maternales. Es el texto más honesto de toda la colección, precisamente porque no intenta serlo.

«Contexto» cumple una función social innegable: habla a lectores que no se reconocen en la poesía tradicional, ofrece un espejo a quienes navegan las contradicciones de la vida contemporánea. Pero como artefacto literario adolece de cierta pereza formal. Vicente parece creer que la sinceridad emocional basta para sostener un poema, y no siempre es así.

En el panorama de la poesía española actual, este poemario representa la tendencia hacia una escritura terapéutica que prioriza la función sobre la forma. No es necesariamente un defecto, pero sí una elección que limita sus posibilidades estéticas. Vicente escribe para sanar, no para perdurar. Quizás sea suficiente.