Una joven que escribe con las tripas: sobre «Lo siento, te quiero»
A los veintiún años, Lorena Blanco López —que firma como L.M. White, supongo que por eso de parecer más internacional— ha escrito un poemario que me ha dejado pensativa durante días. Y eso ya es mucho, porque una a estas alturas lee mucho y se conmueve poco.
Se titula «Lo siento, te quiero. Crónicas de una mente desordenada» y desde la primera página sabes que esta chica no tiene pelos en la lengua. Habla de amor como quien habla de una enfermedad: con el respeto que se merece algo que puede matarte, pero también con la rabia de quien no entiende por qué tiene que doler tanto.
Lo que me gusta de Lorena es que no hace literatura, hace confesionario. Sus poemas son como esos audios de WhatsApp que te manda tu sobrina a las tres de la madrugada: urgentes, desordenados y absolutamente necesarios. Escribe sobre esa forma tan particular de amar que tiene su generación, entre pantallas y silencios, donde un «visto y no contestado» puede arruinarte la semana.
Hay un poema, «Electromagnetismo», donde compara la atracción amorosa con la física, y piensas: «Claro, por qué no se me ocurrió antes». Porque estos chicos han crecido entre Google y Tinder, y su forma de entender el mundo mezcla Wikipedia con el corazón roto. Y funciona, vaya si funciona.
No todo es perfecto, por supuesto. A veces Lorena se regodea un poco en su propio dolor, como hacemos todos cuando somos jóvenes y descubrimos que sufrir puede ser hermoso. Hay versos que sobran y otros que se repiten más de la cuenta. Pero esa es precisamente su fuerza: escribe sin red, sin filtros, como quien necesita vaciar el pecho antes de que explote.
Lo que más me ha impresionado es cómo esta chica ha logrado convertir el drama personal en algo universal. Cuando lee «Cavé mi propia tumba» —un poema sobre la autodestrucción en las relaciones—, cualquiera que haya amado mal reconoce sus propios errores. Y eso, señores, es literatura de la buena.
Me pregunto qué habrá sido de aquella Lorena de veintiún años cuando lea este libro dentro de diez años. Probablemente se reconocerá y se avergonzará a partes iguales, como nos pasa a todos con nuestras fotografías de juventud. Pero también se dará cuenta de que tuvo el valor de desnudarse cuando tocaba, y eso no todo el mundo se atreve a hacerlo.
«Lo siento, te quiero» no es el poemario del siglo, pero sí es el poemario que necesitaban los chicos de veinte años que andan por ahí preguntándose por qué el amor es tan complicado. Y a los que ya tenemos unos años nos viene bien recordar cómo dolían esas primeras heridas, cuando aún creíamos que el amor era para siempre y que nosotros íbamos a ser la excepción.
Recomendado para noches de insomnio y corazones en obras. Y para madres que quieren entender por qué sus hijas lloran por tipos que no se lo merecen.