Inicio Reseñas Nancy Ordóñez y la poesía como excavación del desastre

Nancy Ordóñez y la poesía como excavación del desastre

3
0

Nancy Ordóñez y la poesía como excavación del desastre

La poesía contemporánea se debate entre dos tentaciones igualmente peligrosas: el esteticismo complaciente que convierte el dolor en objeto decorativo y el panfleto que sacrifica la palabra en el altar de la urgencia política. Tu silencio, de Nancy Ordóñez, publicado por Editorial Poesía eres tú, elude ambos precipicios y se instala en ese territorio incómodo donde la palabra no embellece la herida sino que la señala con precisión quirúrgica. Este poemario, estructurado en cuatro secciones que funcionan como estratos de una excavación arqueológica del presente, es un tratado sobre la supervivencia que no promete redención ni ofrece consuelo barato. Nancy Ordóñez, licenciada en Matemáticas por la Universidad Nacional de Colombia, especialista en Edumática y docente durante más de tres décadas en instituciones educativas de Bogotá, ha escrito un libro que nace de la intersección entre la pedagogía crítica y la experiencia vivida, entre la observación sistemática del dolor ajeno y el registro honesto del propio.

La primera sección, «Entre las sombras del silencio», plantea el problema ontológico que atraviesa toda la obra: la existencia como negativo de placa en blanco, como latente movimiento en el que la nada se vuelve un instante de ahora. El poema inaugural, «Somos», establece el programa estético del libro mediante una adjetivación que destruye cualquier posibilidad de afirmación positiva: «existir casi distante / en reflejo cubierto de rojo / serpiente azul por el cuerpo». La sintaxis fragmentada y la acumulación de imágenes que se niegan mutuamente construyen una poética del desencuentro donde el lenguaje no dice sino que se desdice. En «Distante», el Vesubio convertido en recuerdo, en pasado e historia, funciona como metáfora de toda relación amorosa que ha dejado de arder y solo conserva la memoria del fuego. Nancy Ordóñez maneja con precisión la distancia entre el acontecimiento y su registro poético, evitando tanto la inmediatez sentimental como la frialdad conceptual. El poema «Rescate» introduce el procedimiento retórico que vertebra gran parte del poemario: la pregunta sin respuesta como forma de conocimiento. «¿Cómo variar este ritmo? / ¿Cómo darle alegría al día? / ¿Cómo danzar con sus colores / y hacerme libre?». Estas interrogaciones no buscan solución sino que funcionan como dispositivos de resistencia frente al cierre del sentido, como maneras de mantener abierta la tensión que habita toda experiencia límite.

La segunda sección, «Los ojos silenciados», desplaza el foco desde la interioridad hacia el territorio de lo social y lo político sin abandonar la densidad metafórica de la primera parte. El poema «Presente» establece el diagnóstico con una claridad que no necesita ornamentos: «Soy de este tiempo, el de las mentiras y tristezas / donde las palabras rapaces sepultan las ideas / y los cuerpos sangrientos visten los paisajes / sobre los leños cenicientos». La violencia del siglo XXI, esa violencia que se ejerce tanto en los cuerpos como en el lenguaje, atraviesa estos poemas sin concesiones al lector. «Covid» registra la experiencia del encierro no como anécdota doméstica sino como síntoma de una desposesión más amplia: «Paso del día a la noche / en el fondo de este caño / cansada de ver y no ser / de repetir y no encontrar / desarraigo de memoria / desesperanza azul del cielo». El poema más inquietante de esta sección es «Un silencio en silencio», donde la autora confronta la digitalización de la existencia con una lucidez que no recurre al moralismo anticuado: «bajo los verdes ojos de las veraneras / llevando quimeras amores y sueños / a través del big data, el rey en tu cerebro / no siente frío, el omnipresente algoritmo / sin amor, ni dolor, su piel sigue lisa, no se eriza». La tecnología no aparece aquí como enemigo externo sino como extensión del vacío, como confirmación de que la deshumanización contemporánea opera tanto en las redes sociales como en las estructuras económicas que sostienen la guerra y la explotación. En «Serpiente azul», Nancy Ordóñez escribe uno de los fragmentos más poderosos del libro, donde la memoria del Chocó colombiano se funde con la denuncia de una violencia que no cesa: «como cualquier río del chocó desde el dos mil dos / con cantos de cuerpos por día, mutilados en dolor / navegando sin memoria en sus sarcófagos de agua». La imagen de los cuerpos flotando en ríos que funcionan como sarcófagos líquidos condensa toda la barbarie de una guerra que ha convertido los territorios afrocolombianos en espacios de exterminio sistemático.

La tercera sección, «Voces que rompen el silencio», introduce un giro fundamental en la arquitectura del poemario. Si las dos primeras partes operaban mediante la constatación del desastre, esta tercera abre el espacio de la resistencia sin caer en el optimismo ingenuo. El poema «Mujer…» funciona como manifiesto: «Mírate al espejo / colócate el casco, y tu coraza brillante, / desenfunda tu espada y atraviesa los vientos / antes que el nuevo dolor se siembre en tu alma». La apelación directa, el imperativo como forma de autoconstitución del sujeto que se niega a la pasividad, establece una poética del combate donde la escritura misma es un acto de armadura. «Niña chocoana» construye un retrato que integra la violencia histórica con la persistencia de la vida: «Retumban los ritmos a tus pies / llamando a los ancestros / con cantos y rondas fúnebres / que hoy emergen al mundo / en las risas de tu tía abuela». La memoria cultural aparece aquí no como museo sino como práctica viva, como transmisión que ocurre en el cuerpo y en el canto. El homenaje a Amalia Rodrigues en «Amalia» funciona como reconocimiento de una genealogía de mujeres que han convertido el fado, el cante, la expresión artística en forma de supervivencia bajo regímenes totalitarios: «Tú la guitarra, el sonido del fado / alma en garganta del pueblo andaluz / arrullo de mar y leyenda en tus labios / como náufrago esperando la playa». Nancy Ordóñez establece aquí un diálogo implícito entre la resistencia cultural portuguesa bajo el franquismo y las formas de resistencia latinoamericana, trazando una cartografía transnacional del dolor y la rebeldía. «La Comedia Femenil» despliega una enumeración irónica de los roles femeninos tradicionales para dinamitarlos desde dentro: «Fui princesa en esta divina comedia / sin vestido verde me entregué cual presa / mi fortín de madre detuvo el reloj, se perdió el linaje / la libertad se llenó de mentiras, quedo sordomuda». La acumulación de figuras —princesa, esclava, madre— revela el carácter teatral, performativo, de la feminidad normativa para luego proclamar la emergencia de un sujeto que ha sobrevivido al naufragio: «aún diviso esa luz, en el ocaso de la tarde / pegadita a Borges, con su arrullo de mar».

La cuarta sección, «En las aguas de la vida», cierra el libro sin clausurar el sentido, manteniendo la tensión dialéctica entre desastre y esperanza que recorre toda la obra. «Un hilo en el tiempo» establece una lectura de la historia colombiana reciente donde las heroínas que retrocedieron con Cuba en su canto se oponen a los doce engendros llenos de sangre y dólar, pero donde finalmente «los hijos del sol emergen entre los campos de la verdad / con sus veinte seis heroínas y sus sueños de libertad». El poema funciona como crónica cifrada de las luchas políticas contemporáneas sin caer en la referencia literal que convertiría el texto en documento panfletario. «Contra nocturno» es quizá el poema más complejo formalmente de todo el libro, con su estructura repetitiva y acumulativa que recuerda tanto a la liturgia como al verso whitmaniano: «Un día / un día todo lleno de micos y gruñidos a la luna que se iba / y el chillido de las ranas que enmudecían». La repetición de «como en este día» funciona como estribillo que convierte el poema en celebración de la vida que persiste más allá de la selva oscura, estableciendo un diálogo explícito con Dante que reescribe el descenso al infierno como ascenso luminoso. En «Gratitud», Nancy Ordóñez reconoce la transformación del sujeto que escribe: «Yo, andaba cual babosa pegada a ti / denigrando de tu sombra», pero que ahora puede mirar la vida «sin leyes ni vacíos / pintando corazones de rojo / mientras / yo sigo bebiendo tu elixir de agua / gritando al mundo mi existencia». El grito de existencia no es aquí proclama triunfalista sino constatación de una supervivencia ganada palmo a palmo contra la devastación. El poema final, «A Gabo», establece un vínculo con la tradición literaria latinoamericana que funciona como reconocimiento de una deuda y como inscripción del propio texto en una genealogía mayor: «diviso en el firmamento, en milésimas de segundo, la hechicería de Gabo / me fundo en —el relato de un náufrago— y sucumbo entre sus mágicas palabras».

Nancy Ordóñez Salinas ha construido en Tu silencio una poética de la resistencia que no se agota en la denuncia ni se refugia en el esteticismo. Su formación en matemáticas y su práctica pedagógica en contextos de vulnerabilidad socioeconómica han nutrido una escritura que entiende la poesía como instrumento de conocimiento y como forma de dignificación de la experiencia. La estructura en cuatro movimientos —vacío existencial, violencia social, resistencia femenina, esperanza precaria— traza un recorrido que no es lineal sino dialéctico, donde cada sección contiene en germen las contradicciones de las demás. El lenguaje de Nancy Ordóñez rechaza tanto el ornamento innecesario como la simplicidad comunicativa, apostando por una densidad metafórica que exige al lector un trabajo de desciframiento sin caer en el hermetismo autorreferencial. Sus imágenes —el Vesubio sin humo, los ríos-sarcófagos del Chocó, el algoritmo de piel lisa, la mujer con coraza y espada— funcionan como condensaciones de experiencias históricas y personales que trascienden la anécdota para convertirse en emblemas de una condición humana marcada por la violencia y por la terquedad de seguir viviendo. Este es un libro que no busca consuelo ni lo ofrece, que no promete salvación pero que registra con honestidad brutal la posibilidad de que, entre los escombros, todavía sea posible gritar al mundo la propia existencia. La poesía de Nancy Ordóñez es una excavación del desastre contemporáneo que encuentra en el lenguaje no una salida sino una forma de habitar la intemperie sin mentir sobre su temperatura.

Antonio Graña Ojeda