De la mano de Gloria. Tributo a Gloria Fuertes, de José Francisco Devís Capilla: El pacto con la memoria, o cómo la ternura puede ser un acto de resistencia
Hay libros que llegan al lector por los caminos de la literatura, cargados de referencias y de linajes. Y hay otros que llegan por los caminos de la vida, nacidos de una necesidad más inmediata y más difícil de nombrar. De la mano de Gloria. Tributo a Gloria Fuertes, del abogado y podcaster valenciano José Francisco Devís Capilla, pertenece inequívocamente a esta segunda categoría, aunque ello no le impide convertirse, antes de que uno acabe de leerlo, en algo que vale la pena llamar, sin rubor, poesía.
Para entender este libro hay que empezar, como él mismo propone, por sus orígenes. Devís lleva más de un año publicando cada viernes en Spotify un podcast de doce minutos titulado Qué bueno es vivir, que hace de la filosofía positiva su hilo conductor y de la esperanza su razón de ser. En cada episodio, un poema cierra el capítulo como quien pone el punto final a una meditación, como quien ofrece al oyente un pequeño cofre de palabras para que lo guarde en el bolsillo y lo abra cuando lo necesite. Esos poemas, escritos en el tono y con el estilo inconfundible de Gloria Fuertes —ese estilo que combina la sencillez de lo popular con la hondura de lo vivido— fueron ganando el afecto de los oyentes hasta que algunos de ellos le propusieron que los recogiera en un libro.
La memoria que articula este libro no es solamente la memoria del autor; es también la memoria colectiva de una generación que escuchó a Gloria Fuertes en la televisión de los años setenta y que la guardó en algún lugar recóndito del corazón sin saber muy bien que la guardaba. Devís lo formula con una precisión que tiene algo de iluminación: «Se recuerda a las personas con las que hiciste un pacto antes de venir.» La frase podría parecer metafísica en exceso, pero no lo es, o al menos no solo lo es. Hay en ella una verdad psicológica que cualquier lector reconocerá: la de esas figuras que nos forman sin que seamos conscientes de ello, que depositan en nosotros una semilla que germina años después, cuando ya somos adultos y creíamos haber olvidado casi todo de lo que fuimos.
El libro se organiza en veintiséis poemas precedidos de un prólogo y de un apartado titulado «Retales de filosofía», que restituye el contexto intelectual de cada texto, el trasfondo de cada episodio del podcast al que el poema responde. La estructura, que en un primer momento puede parecer didáctica en exceso, revela su función cuando se comprende que los poemas fueron concebidos como cierres de argumentaciones filosóficas: sin ese trasfondo, algo se pierde, del mismo modo que una copla de flamenco dicha fuera de su cante puede resultar hermosa pero incompleta. La recuperación de ese contexto en el libro impreso es, en realidad, un acto de honestidad formal: Devís no despoja a sus poemas de la genealogía que los hizo posibles.
La tradición a la que se adscribe este poemario es clara y está declarada desde el título: Gloria Fuertes. Pero conviene señalar que Devís no se limita a imitar los procedimientos externos de la poeta madrileña, sino que ha comprendido algo más profundo: que la poesía de Fuertes no era sencilla porque careciera de profundidad, sino porque había encontrado la manera de que la profundidad y la sencillez fueran la misma cosa. Esa comprensión se advierte en poemas como «Receta para ser bueno», donde la abuela y el abuelo cocinan, con gesto cotidiano y sabiduría milenaria, una ética de la solidaridad: «»Sé bueno», dice la abuela / mientras remueve el puchero / «pero que nadie te vea» / y a escondidas va y le añade / un poquito de romero.» El budismo, el estoicismo, el contrato social de Rousseau y la interdependencia de todos los seres vivos caben en esa escena de cocina sin que nada chirríe, sin que la filosofía aplaste la imagen.
No es casual que varios de los poemas del libro tengan por protagonistas a animales. La fábula es quizá el género más antiguo de la humanidad, el primero en el que los hombres aprendieron a mirarse a sí mismos a través de una distancia que les permitía soportar la verdad. Devís lo sabe, y lo usa con una habilidad que no siempre resulta fácil de manejar sin caer en el sermón. Serafín el delfín, que aprende a surfear en lugar de pelear contra las olas. Julio el junco, que se dobla ante el viento porque ha entendido que resistir no siempre es sinónimo de sobrevivir. Rosa la hoja, que acepta su transformación en crisálida sin saber que del otro lado hay una mariposa. Hay en esos animales una lección de stoicismo antiguo —la distinción entre lo que depende de nosotros y lo que no— que llega al lector sin el peso de la erudición porque ha sido filtrada por la imagen, por el ritmo, por la rima.
La rima, precisamente, es uno de los elementos más significativos de este libro y merece una reflexión que vaya más allá del mero análisis técnico. En una época en que la poesía española mayoritariamente ha abandonado la métrica regular y la rima consonante como instrumentos anacrónicos, Devís los reclama sin complejos. Y tiene razón al hacerlo, porque en el contexto de este proyecto —la palabra poética como cierre de un podcast oral, como texto destinado a ser escuchado una sola vez antes de que la vida del oyente continúe— la rima no es una concesión al gusto popular sino una necesidad funcional: es la herramienta que hace que los versos se queden, que se peguen a la memoria como se pegan las canciones. «Ay que risa Basilisa / la vida pasa deprisa / te haces mayor sin pensarlo, y no avisa. / Te la has de tomar a risa.» Quien escucha eso una sola vez, en el coche o en el metro con los auriculares puestos, lo lleva consigo el resto del día.
El tiempo y la memoria son, quizá, los grandes temas de este libro. Están en «Gracias a los años», donde la acumulación de gratitudes —«gracias a la risa / y gracias al llanto»— configura no tanto un inventario sentimental como una poética de la atención, un aprendizaje de la mirada que va contra la corriente de una cultura que desprecia lo perecedero. Están en «Mientras me lea en tus ojos», que dialoga, sin citar sus fuentes, con toda la tradición filosófica del instante presente, desde Epicuro hasta el budismo Zen: «Para siempre / es mucho tiempo. / Hoy tenemos suficiente / No te bañarás dos veces / en una misma corriente.» La cita implícita al río de Heráclito en ese verso es probablemente involuntaria, pero no por eso es menos verdadera.
Hay un poema en el que Devís abandona la fábula y el humor para afrontar directamente uno de los temas más incómodos de nuestro tiempo. «La única verdad» propone una fraternidad radical que no excluye a nadie, ni al pobre, ni al loco, ni al delincuente, ni al que «te importa una mierda», y afirma que sentir a todos esos seres «como parte de ti mismo / es la única verdad». No hay en ese verso condescendencia ni sentimentalismo fácil: hay una apelación moral desnuda que recuerda que la compasión, en su sentido más riguroso, no es selectiva.
El libro viene acompañado de ilustraciones del artista valenciano Juan José Lorente, que ha desarrollado una técnica personal denominada «monotipo» y que trabaja desde la influencia declarada de Chagall, Miró y Picasso, con una concepción del color como energía que debe «vibrar al unísono» con el poema que acompaña. Que Lorente, al leer los textos para ilustrarlos, creyera estar ante poemas de la propia Gloria Fuertes —«estaba convencido que eran poemas de Gloria», según narra el paratexto— es, más allá de la anécdota, un dato de lectura significativo: quiere decir que la transmisión ha funcionado, que el estilo no ha sido copiado sino asimilado e irradiado desde dentro.
José Francisco Devís Capilla es, como él mismo declara, un abogado que pactó con Gloria Fuertes prestarle su voz para que el amor que emanaban sus poemas pudiera brotar de nuevo. Hay algo conmovedor en esa declaración, no por su ingenuidad —que no la tiene— sino por su determinación. En un tiempo en que la ironia fácil se ha convertido en la moneda de cambio de casi todo el discurso público, atreverse a afirmar que uno ha hecho un pacto con una poeta muerta para que la ternura vuelva al mundo es, cuando menos, un gesto de integridad. Que ese gesto haya dado como resultado un poemario con oficio, con humor, con hondura y con una mirada sobre la vida que no evita las sombras pero las atraviesa con esperanza, es lo que convierte a este libro en algo más que un tributo. Es, a su manera, un pequeño acto de resistencia.
Antonio Graña Ojeda
