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Cuentos para un destierro digno de Martín Lorenzo Paredes Aparicio. LA MEMORIA PERIFÉRICA COMO ACTO DE RESISTENCIA

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LA MEMORIA PERIFÉRICA COMO ACTO DE RESISTENCIA

Hay libros que llegan en el momento justo, cuando la literatura comprometida parece haber sido relegada al desván de las modas pasadas por un mercado editorial que privilegia el best-seller fabricado en serie sobre la palabra que incomoda. Cuentos para un destierro digno de Martín Lorenzo Paredes Aparicio, publicado por Ediciones Amaniel, es uno de esos textos que reclaman su espacio en el panorama narrativo español no desde la estridencia marketiniana sino desde la urgencia ética de quien escribe porque hay algo que necesita ser dicho, documentado, reivindicado.

Paredes Aparicio construye en estos doce relatos un mapa literario de Jaén que funciona simultáneamente como crónica de la España periférica abandonada y como acto de resistencia cultural frente al olvido institucional. No estamos ante costumbrismo folklórico ni ante esa literatura regional edulcorada que convierte ciudades en parques temáticos para consumo turístico. Estamos ante proyecto literario que territorializa el conflicto político fundamental de nuestro tiempo: la fractura entre centros de poder y periferias desechables, entre memoria histórica recuperada y amnesia institucional programada.

El libro abre con «El tranvía», relato que establece la mitología central de la obra: Jaén como ciudad donde lo fantástico irrumpe no para evadir la realidad sino para repararla simbólicamente. Una anciana violinista recorre diariamente la ciudad en tranvía, «admirando la belleza decadente de una ciudad que se hacía vieja sin capacidad de salvación», hasta que muere y asciende en vehículo celestial tripulado por artistas jiennenses muertos. Podría parecer escapismo de realismo mágico mal digerido si no fuera porque Paredes Aparicio utiliza lo fantástico como herramienta de justicia poética ante traumas colectivos que la justicia real nunca reparó.

Porque este libro documenta con precisión quirúrgica episodios que la historiografía oficial española ha sepultado bajo capas de silencio cómplice. El bombardeo nacional sobre Jaén el 1 de abril de 1937 que causó más de ciento cincuenta muertos civiles, «la ciudad andaluza tuvo su propio Gernika», permanece borrado de la narrativa nacional mientras Guernica —con razón— ocupa lugar central en nuestra memoria colectiva. Esta asimetría no es casual: es consecuencia de jerarquías geográficas y simbólicas que privilegian ciertos territorios y ciertos muertos sobre otros. Paredes Aparicio restituye mediante ficción lo que la historia institucional negó: dignidad narrativa para las víctimas periféricas.

La prosa del autor fusiona tres tradiciones que habitualmente se presentan como incompatibles: costumbrismo decimonónico, realismo social de posguerra y realismo mágico contemporáneo. Esta síntesis no es eclecticismo caprichoso sino coherencia formal con el proyecto político del libro. Para documentar destierro digno —concepto que fusiona precariedad material con resistencia espiritual— se requiere doble registro: narratividad que avance documentando la precariedad objetiva (costumbrismo + realismo social) y poeticidad que condense la resistencia subjetiva (realismo mágico como alegoría). La densidad lírica de pasajes como «La música era el aire que necesitaba para respirar. La poesía, su pan» no es ornamento retórico sino tesis política: las prácticas culturales no son lujos prescindibles sino funciones vitales que mantienen humanidad en contextos de deshumanización estructural.

La decisión más arriesgada y políticamente lúcida del libro es la negación del consuelo en «Un cuento de Adviento». Después de establecer patrón donde destierros históricos encuentran redención fantástica, este relato sobre refugiado contemporáneo que llega a estación de Jaén sin destino conocido termina en suspensión deliberada, frustrando expectativa de resolución mágica. Esta interrupción del consuelo sistemático es gesto de honestidad ética radical: señala que la fantasía reparadora solo puede operar para traumas históricos cerrados (Inquisición, bombardeo 1937) pero no para crisis presentes (migratoria) que requieren acción política real no anestesia literaria. Paredes Aparicio demuestra aquí que usa lo fantástico con lucidez crítica marxista: no como superestructura ideológica que oculta contradicciones materiales sino como prefiguración utópica de justicia que la base material niega.

El compromiso político del autor trasciende contenido temático para manifestarse en decisiones formales. La territorialización máxima del destierro —cada calle de Jaén nombrada cartográficamente: plaza de Santa María, convento de la Coronada, palacio de los Covaleda-Nicuesa— es apuesta por materialismo geográfico frente a abstracciones universalizantes. Mientras narrativa hegemónica trabaja desde ciudades genéricas o indeterminadas, Paredes Aparicio ancla conflicto en topografía concreta señalando que el destierro español no es condición metafísica sino resultado de políticas económicas identificables: desindustrialización, despoblación programada, desmantelamiento de servicios públicos, especulación urbanística. Cuando denuncia sin eufemismos que palacio fue vendido a «maldito fondo buitre» o que convento fue destruido por «piqueta de la barbarie», está nombrando responsables materiales del destierro jiennense.

La voz narrativa que Paredes Aparicio construye dialoga productivamente con tradición del intelectual orgánico gramsciano: escribe desde Jaén, trabaja en Asociación de Mujeres La Muralla ayudando a vulnerables, publica en medios locales como Enjaendonderesisto.es que defienden patrimonio amenazado. No es escritor cosmopolita que extrae material exótico de periferia para consumo de centros culturales sino intelectual arraigado que asume función de cronista, archivista y abogado defensor de comunidad amenazada. Antonio Garrido acierta al identificar en él «compromiso cívico al estilo de Manuel Chaves Nogales»: rechazo de equidistancia neutralista, asunción de posición ética clara, defensa de vulnerables sin paternalismo burgués.

La apuesta por Ediciones Amaniel, sello independiente del Grupo Editorial Pérez-Ayala, es coherente con proyecto del libro. Frente a concentración editorial oligopólica que homogeneiza producción literaria según lógicas mercantiles, editoriales pequeñas mantienen espacios para literatura que privilegia valor de uso (transformación simbólica de lectores) sobre valor de cambio (maximización de beneficio). El precio de dieciséis euros por ciento diez páginas señala que estamos ante objeto cultural producido con criterios artesanales (papel Munken, encuadernación resistente) no ante mercancía desechable de consumo rápido.

El libro enfrenta limitación estructural que debemos reconocer honestamente: la densidad cultural (referencias a Beethoven, Galdós, Bécquer integradas narrativamente) y la prosa poética compleja (sintaxis hipotáctica, vocabulario culto-arquitectónico) generan barrera de acceso para lectores sin capital cultural previo. Esta no es debilidad atribuible al autor sino contradicción inherente a literatura comprometida en sociedades capitalistas: escribir para clases populares cuya explotación se denuncia requiere códigos accesibles, pero mantener sofisticación formal que impida cooptación mercantil requiere complejidad que excluye. Paredes Aparicio privilegia segunda opción, asumiendo que su público objetivo son lectores formados de clase media ilustrada sensibles a injusticia social. Esto no invalida proyecto político del libro pero sí limita su alcance transformador directo.

Sin embargo, la función de esta literatura no es necesariamente movilización inmediata de masas sino producción de marcos interpretativos alternativos que desafíen narrativas hegemónicas. Al documentar bombardeo silenciado de Jaén 1937, al recuperar memoria de brujas ejecutadas por Inquisición local, al denunciar destrucción patrimonial especulativa nombrando responsables (fondos buitre, gobernantes incompetentes), Paredes Aparicio contribuye a construcción de contrahistoria popular que cuestiona relato oficial sobre progreso español, transición modélica y éxito autonómico. Esta labor de archivista militante tiene valor político aunque no genere best-seller viral.

Cuentos para un destierro digno se inscribe en tradición minoritaria pero persistente de narrativa territorial comprometida que en España incluye a Luis Mateo Díez, Julio Llamazares en ciertas etapas, Rafael Chirbes documentando destrucción levantina. Paredes Aparicio aporta actualización mediante integración de realismo mágico que funciona no como exotismo latinoamericano importado sino como herramienta específica para procesar memoria traumática española. Sus tranvías celestiales, brujas liberadas, conciertos imposibles operan como lo que Ernst Bloch llamaría «principio esperanza»: prefiguración utópica de justicia que mantiene viva posibilidad de transformación cuando condiciones materiales parecen clausurar toda alternativa.

El libro merece atención de crítica comprometida, circuitos de lectura de movimientos sociales, programas académicos que estudian relaciones entre literatura y memoria histórica. No es lectura para entretenimiento evasivo ni para consumo cultural acrítico. Es lectura para quienes entienden que literatura puede ser —debe ser— herramienta de resistencia simbólica frente a procesos de desposesión material y simbólica que caracterizan capitalismo neoliberal en su fase de acumulación por desposesión. Jaén como microcosmos del destierro español periférico. La piedra como materia prima de dignidad que resiste humillación. La cultura como salvoconducto cuando política fracasa. Estas son tesis que Cuentos para un destierro digno sostiene con coherencia formal y urgencia ética que honran mejor tradición de literatura comprometida española.

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